Hoy es un día cualquiera.
Te has levantado, has mirado por la ventana, y después de degustar las delicias de la mamius, te has lanzado a la calle.
Impasible, sereno. Tu mirada roza el agujero negro en el que radican las experiencias furtivas de “la gente común”. Sin dejarte ver, sólo estás al alcance de aquel que haga de su existencia un pensamiento divino.
Hoy no participarás en ninguna conversación de gran elocuencia tristemente aparente.
Acabas de recordar un sueño que lleva acechándote desde que el uso de razón dejó de ser espontáneo y se convirtió en una constante.
Intentas reconstruirlo:
Te encontrabas perdido, como ciego. Pero no era la ceguera de aquel que nunca ha visto. En ti, la sensación comenzó justo por el final. Había un mundo más allá de tu campo visual, podías reconocerlo. Indirecta o directamente, tú no habías nacido para vivir con los ojos cerrados.
Inquieto, veloz, seguro de estar en el camino, nada de atajos. Las cosas que sabes, necesariamente tienes que haberlas vivido.
De repente, un ruido intenso se mete en tu cabeza. Pero esta intensidad sólo delata la existencia de algo diferente.
Una nueva canción… millones de cascabeles suenan al compás de un nuevo ritmo.
Permaneces inmóvil contemplando el son que podría aproximarse a la sonrisa de “una niña perdida”.
Que dulzura transmiten esos ojos acompañados por la seguridad de aquel que sabe que nada es seguro…
Un nuevo mundo, un camino diferente...
-Acércate, déjame que te cuente, por primera vez, el mundo que ven mis ojos. Tú serás mi compañero, mi mitad.
Delátame. Conviértete en un niño. Ríe, sonríe y llora conmigo. Muéstrame todo lo que te venga en gana.
Dame vida y déjame darte toda la que a mi me sobra, es lo único que puedo ofrecerte.
Los senderos se fueron estrechando al paso de los dos. Nuevas melodías te recuerdan aquello de los sentimientos que navegan en alcohol.
En poco tiempo los cuerpos se fundieron como el alma que acaba por poseer a un incauto. Y vuelves a nacer.
-Crearemos algo juntos, algo nuevo. ¿El primer paso? Créame y déjame que te cree yo a ti. Entra en mí, te regalo mi inocencia. Hazme sentir el pecado… no pares… nunca.
Estas palabras entraban en ti como un vaso de agua en un niño sediento.
Todo era tan real que la ficción pasaba desapercibida.
¿Quién necesita a la gente? Sólo tu… Solos tú y yo. Recorramos el mundo. Entra en mi vida, pero nunca dejes de soñar…
Te creíste las palabras, las hiciste tuyas. Pero ella nunca olvidó que las palabras son un invento, tal vez tu sí.
Tu única salida fue la reiteración. Te aferraste al mundo inventado, y pensaste que no había ninguna posibilidad de cambiarlo.
Hasta que un día la ficción se convirtió en el estúpido velo del que siempre hablábamos, y cubrió, a propósito, cada rincón que tenia luz.
-Sé sincero mi pequeño pirata. Que soy tu… ¿o esque acaso no recuerdas nuestra unión? Nunca dije que fuera fácil. Nunca te prometí nada. Jamás mencioné un estado de perennidad absoluto, porque nunca lo quise.
Pero sonríe, házmelo una vez más…cambia esa cara… que mis ojos brillan demasiado…y tiemlo…
Progresivamente te fuiste olvidando de lo obvio. Si, desgraciadamente, los seres humanos tendemos a asumir lo evidente como algo intransformable e indeformable. Pero hay un error… hasta la evidencia más suprema tiene unos ojos.
Conducido por el temor de perderte a ti mismo te fuiste alejando de la música que te había dado la vida.
-¿Porqué? ¿Por qué me dejas sola? …
Está bien, seguramente fue por mis súplicas de que no olvidaras aquello de las pequeñas cosas. Tal vez te molestó que mis gestos y mis renegares no fueran acompañados de palabras.
Ya habíamos hablado de este momento, pero nunca pensé que lo fueras a hacer de esta forma… siempre supe que serías tu… ¡Pero que convencida estaba de tu amor eterno!
Y dime: ¿de que me valen tus palabras si siempre te esfuerzas por demostrarme que no hay correlación entre tu cerebro y tu puta boca?
Tú pensaste una salida. La más rápida, la más fácil.
Al cabo del tiempo todo degeneró en encuentros repentinos que te devolvían las ganas de aquel sueño eterno. Nuevamente te los creíste, te los creíste todos. Te dejaste envolver en los significados que irremediablemente te devolvían al pasado.
Pero al cruzar la puerta… volvía tu realidad, tu nueva realidad. La que habías creado tú solo. Y te acordabas de todos los silencios que hicieron posible aquel mundo.
Ahora, sentado en el mismo andén que hace cuatro años, te das cuenta de que las palabras que nunca salieron de tu boca fueron las culpables de crear algo para lo que no estabas preparado.
Y te acuerdas también, del valor de lo efímero de las palabras sí sentidas por aquella niña perdida.
Pero todo ha cambiado.
Tal vez ya sea tarde.
Porque ¿sabes lo que siguen faltando en estas palabras…?
Las tuyas, hombre niño.
¿Y sabes las que vienen ya sobrando?
Las mías…
Te has levantado, has mirado por la ventana, y después de degustar las delicias de la mamius, te has lanzado a la calle.
Impasible, sereno. Tu mirada roza el agujero negro en el que radican las experiencias furtivas de “la gente común”. Sin dejarte ver, sólo estás al alcance de aquel que haga de su existencia un pensamiento divino.
Hoy no participarás en ninguna conversación de gran elocuencia tristemente aparente.
Acabas de recordar un sueño que lleva acechándote desde que el uso de razón dejó de ser espontáneo y se convirtió en una constante.
Intentas reconstruirlo:
Te encontrabas perdido, como ciego. Pero no era la ceguera de aquel que nunca ha visto. En ti, la sensación comenzó justo por el final. Había un mundo más allá de tu campo visual, podías reconocerlo. Indirecta o directamente, tú no habías nacido para vivir con los ojos cerrados.
Inquieto, veloz, seguro de estar en el camino, nada de atajos. Las cosas que sabes, necesariamente tienes que haberlas vivido.
De repente, un ruido intenso se mete en tu cabeza. Pero esta intensidad sólo delata la existencia de algo diferente.
Una nueva canción… millones de cascabeles suenan al compás de un nuevo ritmo.
Permaneces inmóvil contemplando el son que podría aproximarse a la sonrisa de “una niña perdida”.
Que dulzura transmiten esos ojos acompañados por la seguridad de aquel que sabe que nada es seguro…
Un nuevo mundo, un camino diferente...
-Acércate, déjame que te cuente, por primera vez, el mundo que ven mis ojos. Tú serás mi compañero, mi mitad.
Delátame. Conviértete en un niño. Ríe, sonríe y llora conmigo. Muéstrame todo lo que te venga en gana.
Dame vida y déjame darte toda la que a mi me sobra, es lo único que puedo ofrecerte.
Los senderos se fueron estrechando al paso de los dos. Nuevas melodías te recuerdan aquello de los sentimientos que navegan en alcohol.
En poco tiempo los cuerpos se fundieron como el alma que acaba por poseer a un incauto. Y vuelves a nacer.
-Crearemos algo juntos, algo nuevo. ¿El primer paso? Créame y déjame que te cree yo a ti. Entra en mí, te regalo mi inocencia. Hazme sentir el pecado… no pares… nunca.
Estas palabras entraban en ti como un vaso de agua en un niño sediento.
Todo era tan real que la ficción pasaba desapercibida.
¿Quién necesita a la gente? Sólo tu… Solos tú y yo. Recorramos el mundo. Entra en mi vida, pero nunca dejes de soñar…
Te creíste las palabras, las hiciste tuyas. Pero ella nunca olvidó que las palabras son un invento, tal vez tu sí.
Tu única salida fue la reiteración. Te aferraste al mundo inventado, y pensaste que no había ninguna posibilidad de cambiarlo.
Hasta que un día la ficción se convirtió en el estúpido velo del que siempre hablábamos, y cubrió, a propósito, cada rincón que tenia luz.
-Sé sincero mi pequeño pirata. Que soy tu… ¿o esque acaso no recuerdas nuestra unión? Nunca dije que fuera fácil. Nunca te prometí nada. Jamás mencioné un estado de perennidad absoluto, porque nunca lo quise.
Pero sonríe, házmelo una vez más…cambia esa cara… que mis ojos brillan demasiado…y tiemlo…
Progresivamente te fuiste olvidando de lo obvio. Si, desgraciadamente, los seres humanos tendemos a asumir lo evidente como algo intransformable e indeformable. Pero hay un error… hasta la evidencia más suprema tiene unos ojos.
Conducido por el temor de perderte a ti mismo te fuiste alejando de la música que te había dado la vida.
-¿Porqué? ¿Por qué me dejas sola? …
Está bien, seguramente fue por mis súplicas de que no olvidaras aquello de las pequeñas cosas. Tal vez te molestó que mis gestos y mis renegares no fueran acompañados de palabras.
Ya habíamos hablado de este momento, pero nunca pensé que lo fueras a hacer de esta forma… siempre supe que serías tu… ¡Pero que convencida estaba de tu amor eterno!
Y dime: ¿de que me valen tus palabras si siempre te esfuerzas por demostrarme que no hay correlación entre tu cerebro y tu puta boca?
Tú pensaste una salida. La más rápida, la más fácil.
Al cabo del tiempo todo degeneró en encuentros repentinos que te devolvían las ganas de aquel sueño eterno. Nuevamente te los creíste, te los creíste todos. Te dejaste envolver en los significados que irremediablemente te devolvían al pasado.
Pero al cruzar la puerta… volvía tu realidad, tu nueva realidad. La que habías creado tú solo. Y te acordabas de todos los silencios que hicieron posible aquel mundo.
Ahora, sentado en el mismo andén que hace cuatro años, te das cuenta de que las palabras que nunca salieron de tu boca fueron las culpables de crear algo para lo que no estabas preparado.
Y te acuerdas también, del valor de lo efímero de las palabras sí sentidas por aquella niña perdida.
Pero todo ha cambiado.
Tal vez ya sea tarde.
Porque ¿sabes lo que siguen faltando en estas palabras…?
Las tuyas, hombre niño.
¿Y sabes las que vienen ya sobrando?
Las mías…
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