Es de noche en las calles de Quebeq. La nieve y la luz que ilumina estos días parecen ocultar las medias vidas de todos los que se esconden tras su mostrador.
Ella camina sola, despacio, observando cada rincón con luz, e imaginándose lo que puede estar ocurriendo en aquellos lugares que no están iluminados. Hace justo un año hizo el mismo recorrido, por la misma calle de su ciudad natal.
Pero hoy todo ha cambiado, el hecho de haberse visto envuelta en un submundo de realidades le impide disfrutar el paseo de la misma forma de siempre.
Ahora ya no se siente limitada por ningún dogma, ni siquiera por el sentimiento que le llevó en su día a creer en ellos.
Ella es La Exiliada, y no, no le resulta sublime la superioridad cultural que le ha conducido a este estado.
Escaparates, gente, tiendas, compras, nieve, bancos, carteles…
Se oye un suspiro, este año no piensa detenerse frete a la pastelería en la que compraba su merienda cuando era niña, esta vez pasará de largo, mirando al suelo si cabe, para que no se le quede grabado en la memoria la franquicia en la que se ha convertido.
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Han pasado unas horas ya, y pensándolo bien, muriéndome de frío en este banco tampoco estoy tan mal. Seguro que quieta aquí la vida en la ciudad se detiene, y el 31 del año que viene puedo pasear sin que ningún recuerdo se haya inmutado.
La zapatería donde la abuela iba a que le pusieran sus chapas en los tacones sigue ahí, y seguro que nunca se irá…conmigo aquí… jamás.
Dicen que las cosas que te importan has de protegerlas… y yo… me siento tan culpable por haberte abandonado, mi pequeña vida…
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Mas no me gustaría que este sentimiento fuera consecuencia únicamente de recuerdos de mi pasado, o de inseguridades y frustraciones de mi presente. No creo que pueda aceptar otra alternativa que la de aferrarme a esto…
A no ser que aquí sentada, justo en este banco, me de cuenta de que nuestra lengua es nuestra cárcel, y nuestra cárcel nuestra patria.
Y entonces huir, a una patria un poco menos virgen, donde no pueda ver la destrucción de las patrias de mis antepasados, donde nada me importe.
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Desde fuera ya no parece de aquí, poca gente queda con rasgos autóctonos.
La luz de una farola ilumina el banco donde esta sentada, y cada vez menos, se hace notar su presencia.
Las luces de los alrededores se van extinguiendo con el paso de las horas, y La Exiliada desaparece con ellas conducida por el viaje que emprendió su mirada. Perdida en contradicciones que la dirigen irremediablemente al vacío.
La nieve empieza a descender en vertical, y el magenta del sombrero se convierte en el blanco fuego que paraliza el paisaje y congela los rostros reales.
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Es tiempo de recuerdos, de caminos de hojaledas bañadas en agua, de fronteras sin frontera para algunos, de nostalgias no sentidas, de sentimientos no pronunciados, de pronunciamientos de palabras imaginarias, de imaginación aunque no exista sentido… de encontrarle el sentido a una vida sin sentido.
Y no importa el lugar, ni la persona que pronuncie las palabras, ni la ausente belleza perfilada.
A hora no importa la forma, ni el momento en que se entienda. Sólo importa la presencia en unos ojos que no se olviden de lo difícil que resulta el olvido, sobretodo cuando te das cuenta de que solo olvidas los fracasos, tus derrotas, los “proyecto de” que nunca cuajaron.
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Recuerdo tu canción abuela…
“La niña que creció con su tierra,
Y así jugó al juego eterno que su madre le mostró.
A conservar sus raíces ella nunca renunció,
Dando así vida, y perennidad,
A lo que el peso del tiempo consiguió.”
Si tu melodía provocó mi marcha, hoy su recuerdo me hunde en la miseria.
Soy incapaz de conservar nada en lo que nunca creí en un tiempo en el que sobran conservadores.
¿Y cómo entonces salvaguardo su imagen? ¿A quién le explico que esta estampa no es real? ¿Cómo transmito la magia del campanillo de la puerta del lugar de los dulces?
¿Quién va a entender lo especial y único del ambiente amarillento y espeso del calor de un hogar?...
¿Cuándo le diremos a la mayoría que no representa a todo el mundo?
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Imágenes cruzadas.
Pensamientos confundidos,
Divagan por ambientes
Tan lejanos y confundidos
Como ellos.
Ídolos tan muertos
Como desconocidos.
Conocidos tan desconocidos
Como los muertos.
Y muertos tan presentes
Como los vivos.
Y en medio,
El sincesar de las mentes
Que no se conforman,
Ni se despistan.
Y 8, 9, 10 motivos.
Y 3, 2, 1 esperanza…
La propia esperanza.
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…
Sigo aquí… y me apago, las preguntas sin respuesta me bloquean, y no me dejan seguir.
Hacía tiempo que no me atravesaban palos de hielo el corazón, tanto tiempo que me quedé parada, sin buscar nada, observando únicamente lo que me rodeaba, olvidándome de esto, olvidándome de ti.
Hoy dormiré en este banco, y mis sueños cantarán tu canción, y buscaré a los gatos que comían en el callejón…
Y me darán cobijo… y me darán Quebeq.
27/12/08
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