Abro los ojos.
Entre el mar que cabe en una mirada puedo distinguir siluetas de personas.
Escucho, y entre las voces se oye un susurro que parece inspirado por el frágil aliento característico de las personas que pocas veces se hacen escuchar. Cómo lo entiendo... está pidiendo ayuda, y a nadie parece importarle.
Salgo a la calle, y la mayoría hace constar sus formas por todo el mundo. Son muchas voces juntas que no dicen nada, pero contando con lo lejos que se encuentra el pronunciamiento de la tan esperada vedad, se les oye, tanto, tanto, tanto, que me dan lástima todas las vidas que se esconden en el subsuelo. Allí, donde no cabe otro mundo, donde no hay agua...ni aire.
Sin embargo el susurro no cesa... salvo las veces que lo hace.
Soledad...
¿Cómo puede resultar tan atractiva y tan odiosa a la vez?
¿Una persona? ¿Una personalidad?
Si ese sentimiento es tan común y al mismo tiempo tan despreciable no puede ser cierto que únicamente aquellos que se confunden en la masa lo posean.
Un intento ridículo de darle sentido a lo que, por ser fruto de una construcción cultural, carece de sentido en su base.
Raíces que nunca lo fueron. Pretensiones de naturalizar lo que nunca nos fué dado por parte de la Naturaleza.
Un intento de salvaguardar las reacciones emocionles apartando la mirada cuando éstas te miran fijamente. Todo está pedido aunque nada parezca estarlo.
Esta construcción humana en la que vivimos ha fallado, y lo único que podemos hacer ante ésta situación es fingir. Fingir por el miedo que provoca aceptar que no hay basureros lo suficientemente grandes como para abarcar tanta mierda.
¿Dónde tiramos entonces todos los desperdicios?
Vidas repletas, no cabe nada más dentro de ellas, todos estamos demasiado ocupados, y ya sólo queda llorar; y seguir preguntándote de dónde vienen esas lágrimas, y cuál sería la mejor forma de hacer que desaparecieran.
Aquí, justo en este momento, entra en juego la palabra que inventó la primera persona que llegó a ésta conclusión, la mentira.
Poco queda pues que decir, y pocas opciones que tomar.
La primera es el suicidio, la segunda la hipocresía, y nisiquiera me apetece saber cuál es la tercera.
Por otra parte, existen muchas formas de suicidio, hagámonos valer de la multitud de conceptos que ya se han inventado... como la magia, que es capaz de hacer que pase desaprecibida una persona que ya está muerta, que nada tiene ya que dar, que se quedó dormida en un sueño eterno y sólo siente cuándo la desvelan de forma inmortal.
Tal vez haya algún muerto que la coja de la mano y le enseñe que, a pesar de todo, su muerte es suya, y nadie jamás podrá quitársela.
Alomejor aún queda algo que lamer de las migajas del consuelo...
O alomejor no es tan horrible la espera de que el color negro que bordea sus ojos se apodere de toda su cara.
Es más, es posible que ya tenga el cuerpo cubierto de negro, y por lo menos haya descartado la opción de volver a tener piel.
Y entonces, perfilará la siguiente molestia; el frio. Eso que provoca temblores internos y la cierra automáticamente por dentro impidiendo que entre cualquier cosa que venga de fuera...
Pero otro dia, en otro momento, cuando haya asumido que éstas palabras son tan absurdas como la pesadilla que las inspiró.
Cuando aún las odie un poco más...
NO ES EXTRAÑO CONFUNDIR EL ROJO CON LA SANGRE, NI LO VOLÁTIL CON EL AIRE, NI MENOS EXTRAÑO ES CONFUNDIR LOS SENTIMIENTOS REALES CON LAS PALABAS INDEPENDIENTES, QUE A PESAR DE ENTENDERLAS, NUNCA FUERON PRONUNCIADAS... NI PALPADAS.
29/11/08
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