3/10/08

Dulce hogar...

Mediodia, y las nubes maquillan el sol como muy pocas veces en esta ciudad a mediados de Septiembre. Hoy, la anciana del pequeño huerto no se ha levantado de su silla. Su voz se ha sustituido por el chillido de los pájaros que temen que el agua acabe con sus hogares y hasta con sus sueños (¡que menosprecio tan propio de la mentalidad humana lo de creer que unos seres tan libres y nómadas no son capaces de tener sueños!).
Una vela alumbra la ténebre guarida de la fruta. Ese lugar es tan viejo como ella, el polvo que hay en los rincones de la casa la ha acompañado cada dia de su vida.
Hoy no sonrie, hoy sus frutos están tan tristes como ella. Le molesta que el sol no caliente directamente su piel y que la luna no alumbre su cara con solo mirarla. Es algo especial su conexión con la energía que procede de ellos. Sus sentidos se distraen evitando la molestia que le evoca la situación, y las melodías simplemente, no caben.
Hay veces que la racionalidad supera los límites de una explicación y las palabras se convierten en la tela de la que tanto hablamos mientras nos cubrimos y vamos cubriendo a los demás.
Si la miras a los ojos verás su angustia, pero si no dejas de mirarla, entonces... te darás cuenta de que aún queda en ella la misma inquietud que el dia que su mamá le colocó aquel disfraz de mariquita. Siempre quiso ser una mariquita, son tan bonitas y xiquititas... Siempre que ve una, sonrie...
Son tan pequeñas las cosas que la hacen feliz...
¿Qué hay más triste que un ser feliz triste?
Hoy nada, hoy no hay nada.
Mañana...quizá.

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