27/7/09

Landscapes of Norway

(o paisajes por los que uno va a Noruega)


Preikestolen (o el Púlpito)



... y un McDonalds del siglo XIX

Retazos del Roskilde Festival '09

20/7/09

Citando citas...

"Quizá haya un lugar en el hombre desde donde pueda percibirse la realidad entera. Esta hipótesis parece delirante. Auguste Comte declaraba que jamás se conocería la composición química de una estrella. Al año siguiente, Brunsen inventaba el espectroscopio."

"El lenguaje, al igual que el pensamiento, procede del funcionamiento aritmético binario de nuestro cerebro. Clasificamos en sí y no, en positivo y en negativo. (...) Lo único que prueba mi lenguaje es la lentitud de una visión del mundo limitada a lo binario. Esta insuficiencia del lenguaje es evidente, y se la deplora vivamente. ¿Pero qué decir de la insuficiencia de la inteligencia binaria en sí misma? La existencia interna, la esencia de las cosas se le escapa. Puede descubrir que la luz es continua y discontinua a la vez, que la molécula de la bencina establece entre sus seis átomos relaciones dobles y que sin embargo se excluyen mutuamente; lo admite, pero no puede comprenderlo, no puede incorporar a su propia estructura la realidad de las estructuras profundas que examina. Para conseguirlo, debería cambiar de estado, sería necesario que otras máquinas que las usuales se pusieran a funcionar el el cerebro, que el razonamiento binario fuese sustituido por una conciencia analógica que asumiera las formas y asimilara los ritmos inconcebibles de esas estructuras profundas..."

Le matin des magiciens.
(Capítulo 86 Rayuela)

6/7/09

Salam alekum

Bueno, esto es algo que me he encontrdo como borrador y no se, pues voy a colgarlo. Es de cuando volví de Marruecos, ya ves...




El otro día nací con las manos atadas.


Me encontraba soñando con gotas de lluvia que se deslizaban por una hoja y descendían hasta un pequeño charco que simulaba lentas ondas al hacer contacto con ellas. Las gotas desaparecían una tras la otra convirtiéndose en las ondas, y haciendo creer que en realidad, nunca fueron algo en sí mismas, que simplemente formaban parte de un todo, del agua, que sólo representaban la fuerza de un movimiento, de un instante de deserción. El charco las absorbía; y ellas, no dejando de ser especiales, permitían que se las confundiera entre el tumulto de otras parecidas a ellas.

Sin llegar a ser consciente del final de ese sueño, aparecí en una sala vacía. Yo, y la robusta silla que me sujetaba contra ella, esperábamos postradas a que alguien llegara a acabar con nosotras.

Era como si mi presencia fuera indiferente al momento que estaba viviendo toda la gente que me rodeaba, ninguno de ellos tenía cara, pero transmitían esa sensación glacial propia de encuentros en el baño de un restaurante caro. La iluminación parecía sacada de una de esas películas con sala de baile de los años cincuenta en las que todo el mundo aparentaba no tener una vida más allá de la sala. Detrás de numerosas personas embriagadas con sus conversaciones y festejos había una mesa alargada en la que estaban sentados cinco señores que miraban hacia mi posición como si fueran los únicos que pudieran verme. Incluso aquellos que se encontraban con obstáculos en su campo visual parecían traspasarlos y observar con detenimiento cada uno de mis gestos.

Intenté pedir ayuda absurdamente.

No tenía voz.

Pero ellos no dejaban de mirarme; mi cuerpo, casi desnudo, hacía amagos de movimiento como en un intento de desaparecer sobre sí mismo.

Sus miradas delataban la satisfacción de haber conseguido el poder necesario para hacer invisible todo lo visible. Creo que no vi parpadear ni una vez a ninguno de ellos; era como si su oscura visión les hubiera permitido mantenerse eternamente en la vigilia, esperando algo,

tal vez el momento de.

Me perdí mirando un agujero que se abrió, imagino, en el momento en el que me traspasó la bala.

Aparecí en otro lugar y en otro tiempo diferente, aunque siendo la misma persona.

La voz de una gaviota me despertó. Estaba rodeada de plumas que eran la alegoría de los miles de seres libres que habían sobrevolado esas tierras. Parecía como si ningún rastro de ser humano hubiera permanecido allí nunca, como si el agua del mar hubiera depurado toda pretensión de tal. Toqué la arena, estaba húmeda, pero era la misma que cubría los oasis del desierto, sin duda esos innumerables desertores habían volado hasta allí para quién sabe,…huir, buscar, encontrar. Es posible que ellos también fueran nómadas bereberes. Me llené los bolsillos de arena y cogí algunas plumas para hacerme una pulsera y no olvidar jamás a los seres que parecían exentos de cualquier sentimiento de pertenencia a nada, modesta cualidad que les permitía seguir conservando su vuelo.

Sentada en la orilla de esa bahía daba la impresión de que el agua fuera a cubrir todas las malas pesadillas de un momento a otro con su fuerte espuma.

El horizonte lo marcaban doscientos metros de salida, aunque a pesar de las borrosas colinas que se asomaban en la lejanía, sabía perfectamente que detrás se encontraba la manta del océano, aquella a la que innumerables veces había intentado imaginar, todas ellas por lo visto sin éxito.

Cerré los ojos, y me dejé llevar una vez más.

Una cuerda. Una cuerda muy larga por la que yo iba andando lentamente.

Me encontraba en lo alto de una calle en la que la gente pasaba convencida de su temporalidad en ese espacio de una forma casi automática. Daba igual que hubiera una muchacha en lo alto de un edificio, volando; que una ventana hubiera dado paso a las llamas que estaban derribando uno de los caserones que se morían por la auto demolición; o que a un niño le hubiera pegado por hacer puenting con papel del váter. Nadie se paraba a observar nada, nadie alzaba la mirada, y nadie se quedaba.

Salvo el viento, que con suerte, te hacia perder el equilibrio y caer al vació…

En la caída aparecieron ante mi innumerables caras conocidas, a las que no parecía temblarles la risa cuando me veían descender al vació.

Todos ellos a las espera de otro fracaso con el que pudieran llenar al menos, quince minutos de sus vidas con múltiples comentarios y humores varios que ninguno de ellos entendían (a pesar de su simpleza (y su conocida forma lineal y básica)) pero que todos aplaudían.

Me desperté, estaba en el modelo perfecto de panóptico creado para un mundo no menos perfecto que el mismo.

Había olvidado todos mis sueños, pero de repente sentí una sensación profunda que me empujó a levantarme de la silla de oficina y a salir de ese universo burocrático abriendo puertas y dejando espacio a mi paso para que la libertad pudiera entrar y salir a los accesos restringidos.

Entré en todas las habitaciones, abrí todas las rejas, subí a todos los pisos. Y al llegar al último, mi vida se tiró por la ventana. Siendo ella en realidad lo único libre que hubiera en mí.

Entonces, fui recordándolo todo y una pequeña gota de sangre recorrió mi pierna como si el agujero en el que en otro tiempo me perdí hubiera estado esperando el momento de su aparición. Cerré los ojos y pude ver nuevamente la mesa con los cinco personajes de mi primer sueño. Pero por mi pierna ya no caía nada, y yo ya no estaba atada.


Y recordé que el otro día nací con las manos atadas, pero morí libre.